🟣 El bosque te observa
Cuando la luna mira, los árboles recuerdan
La luna estaba tan cerca esa noche que parecía un ojo abierto sobre el mundo. Entre los árboles, la niebla se movía como si respirara, y cada paso que ella daba hundía el suelo en un suspiro húmedo. Buscaba el sendero de regreso, pero el bosque parecía distinto: los troncos se curvaban apenas, como si se inclinaran para mirarla.
De pronto, un murmullo la envolvió. No era el viento. Eran voces suaves, casi humanas, que repetían su nombre con un eco que venía desde dentro de la tierra. Ella se detuvo. A la distancia, pequeñas luces flotaban entre la bruma, oscilando con calma, como si la invitaran a seguirlas. Dio un paso… y las luces retrocedieron. Otro paso… y una sombra se movió detrás de un árbol. Entonces lo comprendió: no era ella quien estaba siguiendo las luces. Eran las luces las que la guiaban.
Al mirar hacia arriba, vio rostros formados por ramas y hojas. Decenas. Centenares. Todos observándola, inmóviles, sin ojos, pero mirando igual. La luna se ocultó detrás de las nubes, y el bosque respiró una vez más. Cuando volvió el silencio, solo quedaron las luces, flotando sobre la niebla… como si esperaran al siguiente que entrara.
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